Al final, llego a casa a
las siete de la tarde; los chicos se han ido a su casa compartida a cambiarse
para salir a celebrar mi cumpleaños.
Estoy en mi habitación y
suena los pajaritos de mi móvil; es un Whatsapp de un número desconocido.
“Ponte guapa, más de lo que estabas esta mañana… Ya sabes, un
vestidito,… algo más de fiesta”
Subo arriba, y miro mi
armario… saco un vestido que me encanta y busco mis sandalias de tacón…
simplemente, adoro ese conjunto.
Me cambio y me arreglo,
lista para salir.
Llaman al timbre un
montón de veces, seguro que son ellos.
Bajo y les abro, los
cinco van en traje y muy elegantes… pero sus miradas me hacen que me sonroje.
-¿Qué?
-Alucinante, si esta
mañana ya estabas guapa,… ahora no sé qué decirte- me halaga Carlos.
-A ver, uno de vosotros
me ha enviado un Whatsapp diciéndome eso…
-¿Cómo? Ninguno de
nosotros te ha enviado nada Lau- dice Dani.
-He sido yo, si no, lo
más seguro es que hubiera ido con lo mismo de hoy- dice Raúl, que estaba
escondido detrás de Álvaro, también con su traje.
-Pues sí,…
-¿Vamos?- me pregunta
David alargándome el brazo para ir cogida a él.
Encantada, voy del brazo
de mi ídolo con una sonrisa.
Entramos en el coche, y
veo que alguien me tapa los ojos con un trozo de tela negro.
-¡Oye!
-Sorpresa…- escucho a
Álvaro decirme al oído.
En teoría, estamos los
siete en el coche, pero no se escucha nada.
-Hemos llegado Enana- me
dice David dulcemente al oído.
Con ayuda de él, salgo
del coche.
Vamos caminando hacia
alguna parte, escucho una puerta abrirse, y después solo silencio…
-Mierda, Álvaro, ha atado
demasiado fuerte esto- se queja David, pero al rato, consigue quitarla.
Con los ojos todavía
cerrados, me hace dar un par de pasos más.
-Puedes abrir los ojos,
Lau.
Lentamente, abro los ojos
para que se acostumbren a la luz; cuando lo hacen, no puedo creerme lo que veo.
Una cena a la luz de las
velas en un restaurante con vistas al mar.
-¿Y esto?
-Pues… tu regalo de
cumpleaños.
-Lo suponía, ¿pero tú y
yo solos?
-Sí, lo de los chicos era
una encerrona para que no sospecharas nada.
-¿Sospechar?
-Sí, para que disfrutaras
de esta noche, como espero disfrutarla yo.
-¿Cómo no voy a hacerlo?
Sin contestar a mi
pregunta, me acompaña a la mesa y, retira la silla para que me siente, como un
caballero.
-Gracias- le digo con una
sonrisa sentándome.
Cenamos tranquilamente,
yo con una sonrisa permanente en mí cara; no quería que esta noche acabara
nunca.
Para finalizar la velada
más bonita de mi vida, salimos a dar un paseo por la playa.
Antes de pisar la arena,
me quité los tacones y le cogí de la mano para empezar con el paseo.
Nos acercamos a la
orilla, la luna estaba en su máximo esplendor; no podía ser más precioso.
-Creo que ha llegado la
hora de confesarte algo.
Me giro hacia él y le
miro a los ojos.
David se acerca cada vez
más a mí y, dulcemente, me besa.
Mi príncipe rojo, se
separa un poco de mí, apoyando la su frente contra la mía.
-Mira, Lau, yo… te amo,
demasiado y sé que es casi imposible conseguir que nuestra historia siga
adelante, pero… ¿quieres intentarlo?
-Nada es imposible, si no
recuerdas mal, tengo el puesto de fotógrafa ¿no? Te vas a cansar de mi David.
-¿Cómo quieres que me
canse de ti?
-Solo tú tienes la
respuesta- le digo con una sonrisa.
-No la tengo, al menos
espero no tenerla nunca.
Estamos tan a gusto en
nuestro rincón particular, que no nos damos cuenta de lo tarde que es.
-Deberíamos irnos, se
hace tarde Enana… Y creo que hace un rato mi móvil ha vibrado… - lo mira
alucinando.
-¿David? ¿Qué pasa?
-Esto no te va a hacer ni
pizca de gracia… Mañana nos pasan a buscar a las seis de la mañana… tenemos
unas… cinco horas para dormir…
Mi cara no tenia precio…
-¿Y dónde nos vamos?
-Ammm… Volvemos a Madrid,
para el concierto… Y otra cosa, ahora no pero,… deberías pensar en mudarte
allí… Y me encantaría que fuera en mi pisito…
-¿No crees que es un poco
pronto?
-No es por ser pronto ni
nada, sinceramente, no sé de donde te sacarías dinero para una casita.
-Ya encontraría la
manera…
-No lo dudo. – me dijo
besándome.

No hay comentarios:
Publicar un comentario